El Parque Nacional Canaima, una de las joyas naturales de Venezuela y patrimonio de la humanidad, enfrenta una grave amenaza: la minería ilegal ha alcanzado las inmediaciones del Salto Ángel, la cascada más alta del mundo con más de 975 metros de altura. Según un informe de El Nuevo Herald, esta actividad ilícita no solo pone en peligro el frágil ecosistema del parque, sino que también expone a comunidades indígenas y ríos a una devastación ambiental sin precedentes.
Las operaciones mineras ilegales han proliferado en los estados del sur del país, incluyendo Bolívar, Amazonas y Delta Amacuro. Canaima, que hasta hace pocos años se consideraba un santuario natural libre de explotación minera, ahora enfrenta el avance de estas actividades destructivas dentro de sus límites.
Según la organización SOS Orinoco, entre 2000 y 2024, Venezuela ha perdido aproximadamente 820.000 hectáreas de selva amazónica, una superficie equivalente a todo Puerto Rico. Esta deforestación masiva se debe en gran parte al auge de la minería ilegal, que no solo destruye los bosques, sino que también contamina los ríos con mercurio, afectando gravemente la biodiversidad y la salud de las comunidades indígenas.
El Nuevo Herald denuncia que un consorcio ligado a la familia del dictador Nicolás Maduro obtiene hasta 1.500 millones de dólares anuales del contrabando de oro. Mientras tanto, la explotación minera se expande con total impunidad, protegida por grupos criminales que operan dentro del parque nacional.
La situación es crítica y requiere atención internacional. Sin embargo, la minería ilegal en Canaima no es el único desastre ambiental que enfrenta Venezuela. El Lago de Maracaibo sigue agonizando bajo la contaminación, el Lago de Valencia representa una amenaza latente con sus aguas altamente contaminadas, los derrames de la refinería El Palito persisten sin control, y la proliferación de la Unomia stolonifera pone en riesgo los ecosistemas marinos. Estos son solo algunos de los numerosos daños que, en este momento, afectan gravemente a la naturaleza venezolana.
La destrucción de Canaima no solo representa un desastre ecológico para Venezuela, sino también una pérdida irreparable para el planeta. La comunidad internacional, organismos de derechos humanos y ambientalistas deben alzar la voz para exigir el fin de la minería ilegal en este patrimonio natural.
El Salto Ángel y Canaima no pueden esperar. La denuncia y la acción urgente son clave para frenar esta destrucción y preservar uno de los tesoros naturales más importantes del mundo.